Eran casi las seis de la tarde, cuando Axel iba rumbo a la dirección que estaba escrita en la información de su hijo Leo. Por primera vez, él podía sentir como sus manos sudaban a causa del nerviosismo, ya que de tan solo imaginarse que sus hijos estaban con Vincent, le llenaba de una preocupación como nunca antes en su vida. Lo menos que él deseaba era que sus hijos vivieran el mismo infierno que él vivió cuando era más joven, de tan solo imaginarlo, le provocaba un terror indescriptible. Fue ahí cuando Axel comprendió porque Cronos se encargó de hacerle recordar esas vivencias pasadas cuando perdió la visión por varias horas. «¿Él quería que viera lo que mis hijos estaban pasando?» piensa Axel, sintiendo como al instante se formó un nudo en su garganta y en la boca de su estómago. Mien