III

1397 Words
 — El primer Ministro no quiere que vuelvan aún, dice que la ciudad sigue siendo insegura y más con aquel botín que están ofreciendo por los Príncipes.— Un enviado del reino le dió aquel mensaje a Jong Dae quién frunció el ceño.— Dice que lo mejor es que por el momento vayan a la ciudad del norte, cerca a Silau.— dijo en voz baja todo lo último. —¿Qué sucede Minho? Dime la verdad porque no creo en ninguna de tus palabras.— el hombre bajó la mirada hacia sus manos, inquieto. —Lo siento Capitán pero... no puedo decírselo.— él se inclinó levemente hacia su oreja y susurró...— Hay hombres siguiéndome, no puedo decirle nada, sin embargo, lo de Silau es verdad, deben ir allá, el primer ministro cree que están en el sur por eso, es mejor que vayan hacia el norte no confío en él.— Jong Dae asintió ya que Minho era de confianza, él prácticamente era su aprendiz, por ello seguiría sus palabras. —Yo tampoco, gracias...— y así, sin más, se despidieron partiendo hacia lados opuestos. :::¥::: —¡Chan, ven a comer!— Min Seok llamó desde su nuevo escondite, él realmente no sabía lo que sucedería o cuándo volverían a casa pero por el momento dejaba que las decisiones sean tomadas por Jong Dae.— ¡Chan!— llamó una vez más a su hermano pero el pequeño simplemente no aparecía cual torbellino andante al escuchar la palabra "comer" como usualmente sucedía.— ¿Chan?— una horrible sensación se instaló en su pecho por lo que sin pensarlo dos veces salió corriendo con su daga en la mano, él corrió hacia donde había dejado a su hermano antes de ponerse a cocinar pero el pequeño no estaba.— ¡CHANLLLLLLL!— gritó a todo pulmón.— ¡CHANYEOOLLLLL, ¿DÓNDE ESTÁS?!— no quería llorar pero la opresión que sentía en el pecho provocaba que sus lágrimas cayeran, empezó a correr por todos lados sin éxito, él no lograba hallar por ningún lado a su pequeño hermano, no estaba.—¡YEOLLLLL, NO ME DEJES, CHANLLLLLLL!— sollozaba a gritos ya que si perdía también a su hermano, él probablemente sea capaz de terminar con su vida, ya que lo único que lo mantiene vivo y de pie luego de la muerte de sus padres era él, Chan. —Entonces, ¿El príncipe M y el príncipe H se enamoraron?— dijo emocionado el pequeño Chan quién se dejaba ver detrás de un gran árbol, Min Seok lo vió y escuchó a lo lejos, secó sus lágrimas y corrió de inmediato hacia él. —En realidad, por el momento únicamente uno de los príncipes está enamorado, el otro aún no lo sabemos.— Lujan le sonrió. —¿Pero, por qué? —Eso es porque su historia apenas ha empezado.— dijo mirando fijamente hacia los ojos de Min Seok quién había llegado junto a ellos. —¡Chan!— corrió solo y únicamente para estrecharlo con fuerza entre sus brazos antes de separarse y darle un manazo en las manos.—¡Niño malo, te dije que no te alejaras!— el pequeño empezó a llorar pero el bollo seguía gritándole ya que el susto no se lo quitaba nadie. — Min Seok déjalo, él no tiene la culpa.— Lujan se metió pero el más bajo no le hizo caso. —¡No te metas forastero!— lo alejó.— ¡Creí que te había pasado algo, estuve muy preocupado!— gritó mientras al igual que Chan dejaba sus lágrimas bañar sus mejillas por lo que abrazó con mucha más fuerza a su hermano. :::¥::: —Fuiste muy duro con él, no debiste gritarle.— Lujan no sabía exactamente lo que tenía Chan pero al igual que Baek, aquel pequeño despertaba en él, aquella sensación de paternidad y protección. —No me digas lo que debo hacer.— Min Seok dijo mientras acariciaba la cabeza de su hermano quién se había quedado dormido.— Él debe saber que esto no es un juego, debe saber que estamos en peligro todo el tiempo. —Es sólo un niño. —Es un príncipe y lo sabe, sabe que debe comportarse como el líder de nuestra nación. —¿Qué sucedió con ustedes?— él sacó su espada para limpiarla como tanto le gustaba hacer. —¿Qué haces aquí?— evadió la pregunta.—¿Cómo nos encontraste? —Pues...— dejó a un lado su espada.— parece que el hecho de huir sin dejar huella no va con ustedes.— negó. —¿Cómo?— no comprendía. —Dejaron un pergamino con su próxima ubicación en la cueva y...— se encogió de hombros.— pensé en traerlo como un favor, ya sabes, a veces hacer buenas acciones fortalece el alma.— sonrió ampliamente antes de poner una expresión seria.— ¡Ah! y también quería preguntarle, no lo sé, al príncipe de bellos ojos el porqué no había volteado ni una sola vez a verme mientras se iba. —¿Eres algún tipo espía?— Empuñó nuevamente su daga. Lujan suspiró.— Creí que ya habíamos aclarado eso y no, no soy ningún tipo de asesino.— "Al menos no, de seres inocentes"— Y baja ese cuchillo que puedes lastimarte. —¡No soy débil! — Lo sé,  Min Seok, sé que no eres débil, en realidad, considero que eres muy fuerte a pesar de no saber tu historia, lo sé, por la sinceridad en tus ojos... —No sabes nada... — Sé incluso más de lo que tú piensas que sabes sobre ti mismo, sé que tienes miedo, miedo de perder a tu hermano, miedo de pasar por más cambios, tienes miedo de seguir siendo lastimado, sé todo eso, con tan sólo ver tus ojos, lo sé porque también he pasado por eso, sí, tienes razón, si estuvieran pidiendo todas esas monedas por mi cabeza o por la de mi hermano también crearía muros a mi alrededor, sin embargo, sabría con quién usar aquellos muros, porque créeme cuando te digo que no he venido a hacerte daño, príncipe Min Seok.— el más bajo escuchó cada una de sus palabras desconcertado y en ese momento, su única reacción ante su verdad, fue la de salir huyendo con el rostro rojo de la rabia. :::¥::: —...por lo tanto, ante su verdad, el príncipe de bellos ojos, salió hecho una fiera, sin embargo, el príncipe H se quedó tranquilo ya que sabía que sus palabras habían sido escuchadas.— Lujan le sonrió al pequeño Chan antes de revolver su cabello, Min Seok lo miró con furia pero el más alto rodó los ojos dejando con la boca abierta al más bajo. —Deberías irte... —¡Nooooo, que se quede, hyung, no le pidas que se vaya! ¡Todavía no me cuenta el final de la historia entre el Príncipe M y el Príncipe H! ¿Verdad, capitán Jong Dae que puede quedarse? ¿Verdad?— preguntó con los ojos brillantes. —No veo porqué no.— le sonrió y a Lujan lo único que le faltaba era sacarle la lengua al príncipe que estaba echando humo. Entonces, se acercó a Min Seok y disimuladamente susurró un...— Gracias por su hospitalidad. —Insolente.— se cruzó de brazos.— Y el príncipe no salió hecho una fiera.— volteó el rostro, negándose a verlo. — ¿Seguro? Porque a cómo yo lo veo, aquel príncipe realmente quiere romper esas barreras pero se abstiene.— se puso frente a él y se atrevió a sujetar su quijada con suavidad, alzando su rostro para hacer que lo mire a los ojos.— No debería hacerlo.— dijo pero el príncipe golpeó su mano. —Debes conocer tu lugar, eres un simple forastero que no tiene permitido tocar el rostro de su príncipe con sus sucias manos.— lo miró duramente con la respiración agitada empuñando con fuerza sus manos. —De acuerdo, no lo volveré hacer pero...— él sujetó su espada y se subió a su caballo.— Te recuerdo que tú,  no eres mi príncipe.— y así, se fue dejando a Min Seok sorprendido ya que nunca nadie lo había tratado de aquella forma, nunca.                                  
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