• CAPÍTULO II •

2495 Words
Me sentía realmente mal por él, pero no me atrevía a juzgarlo en lo absoluto, y al contrario, lo entendí. Yo nunca había intentado dañarme físicamente, sin embargo, por mi mente corría constantemente la idea de acabar conmigo y quizás así poder ver nuevamente a Hugo, y aunque la Doctora Jhonson decía que mi depresión no era algo normal, yo concideraba que toda persona en su sano juicio también lloraría y sentiría lo que yo siento estando en mi lugar. — Soy Luci — me presenté casi en un susurro haciendo todo mi esfuerzo por tratar de ignorar sus brazos. — Lo sé, la doctora Jhonson no para de hablar de ti con sus compañeras — respondió cansado para luego girar a verme — me llamo Roniel. Asentí sin poder volver a decir ninguna otra palabra y dirigiendo mi atención al grupo de internos tal y como él lo hacía. No sabía cuánto tiempo tenía que esperar para que me dejaran marcharme y aunque irme era lo que más deseaba, una parte de mi también temía tomar el camino fácil y acabar con mi vida tal y como debió haber sido. Mis sentimientos estaban tan confusos pero aunque quería mi vida normal, estudiar, enamorarme y vivir una vida feliz. Todo cada vez se iba derrumbando, mis estudios, mi reputación, mi familia, y sin duda, toda mi vida. — ¿Por qué me hablaste? — pregunté derepente tan bajo que me sorprendió que me hubiese escuchado. Su expresión parecía confundida, como si no hubiera esperado esa pregunta, y sin saber qué responder solo se encogió de hombros restándole importancia — me resultas interesante — comentó con simpleza — y casi nada aquí logra llamar mi atención. — ¿Por qué te resulto interesante? — volví a preguntar confundida — Todos los internos parecen temerme y tú actúas como si fuese alguien normal. — ¿Y no lo eres? — contradijo dejándome en silencio. — Para como yo lo veo, todos aquí son personas normales, solo que con formas diferentes de ver la vida o afrontarla. — Sus ojos verdosos veían sin emoción algunas a los internos aún cuando sus palabras sonaban tan profundas que me hacían reflexionar y dar mil vueltas a su idea en mi cabeza para intentar contradecirle. — ¿Dejas de ser normal por pensar distinto a alguien más? — preguntó y sus ojos se fijaron en mí — porque si ese fuese el caso, ¿A quién debemos imitar hasta en pensamientos para que los demás te consideren una persona común al resto?. — yo..o — balbucee sin saber qué decir — No lo sé — me limité a negar tras sus palabras. El rubio apenas escuchó esas tres palabras desvió su vista, bufó y una leve sonrisa irónica se asomó por sus rosados labios cuarteados por la resequedad en ellos, dejando ante mis ojos su marcado perfíl y su manzana de Adán, que debido a su delgado cuerpo podía notarsele aún más, a pesar de que que su tatuaje un poco mas abajo de ésta, desviaba la atención. — Supongo que aún estando en un psiquiátrico crees que soy raro en comparación al resto nada más porque no te tuve miedo. Cuando una persona que está internada te dice algo tan estúpido que tú sí creías, extrañamente empiezas a sentir que la rara realmente era yo. — Según la Doctora Jhonson, estoy loca, así que lo que yo diga, aquí pierde relevancia. — evadí sus palabras y extrañamente aquellas cosas que había dicho habrían hecho que, la primera sonrisa, en mi opinión, sincera, apareciera en sus labios por unos segundos. Una ligera sonrisa, tan rápida que casi podría confundirse con una ilusión. — Supongo que es al contrario — murmuró contradiciendo a mis palabras — realmente, todo lo que digas tiene relevancia, ellos siempre andan pendientes de lo que dices para seguir afirmando que eres distinto a los demás. En mi caso, aquella idea no aplicaba en mí, yo no era rara, mucho menos estaba loca. Mi caso consistía en un mal entendido y un asunto de confianza. — En mi caso, solo no toleran que les diga la verdad. — contradije y su mirada curiosa se intensificó. — yo no soy la loca que ellos creen que soy, ¿Me entiendes? — solté un poco indignada — estoy aquí por un mal entendido. — Todos aquí creen lo mismo que tú, tú discurso me es muy escuchado. ¿En serio me comparaba con el resto? Que una persona completamente cuerda te diga que eres diferente y que en cierto modo estás mal, hace que te cuestiones pero que una persona que ya está en un hospital psiquiátrico compare tu cordura con los demás internos, más que preocupar, enfadaba. — ¿Insinúas que soy igual al resto? — bufé — yo no tengo ningún problema mental como todos aquí. — ¿A no? — sonrió sin ganas — ¿Entonces asesinaste a tu novio maltratador, dices que lo amas, y aún así te crees completamente más estable que el resto? — escupió aquellas palabras y rápidamente sentí que mi corazón había dejado de latir para que el enojo mezclado con la tristeza se apoderaran de mi cuerpo que solo reaccionó levantándose de aquella banca a la defensiva. —¡¿Quién te crees que eres para opinar en algo que tú no sabes cómo sucedió?! — exclamé sintiendo como mi cara ardía y no de la vergüenza. — ¡Él no me maltrataba, mucho menos lo asesiné por ello! — grité siguiendo su inexpresivo rostro que se alzaba al levantarse de el suelo quedando de pie ante mí. — ¿Entonces solo lo asesinaste porque te vino en gana? — preguntó a la defensiva mientras se acercaba lentamente con ironía en su todo de voz. — Porque de ser así, ciertamente no deberías estar aquí, deberías estar en prisión pagando la condena que se te corresponda. — ¡Preferiría mil veces estar allí que estar aquí rodeada de locos y un suicida creyéndose tan importante como para poder opinar en la vida de alguien más! — respondí y aún cuando mi pecho se movía agitado y estaba apunto de llorar por la rabia, el rubio calló y su rostro igual de molesto que el mío lentamente se apagó al mismo tiempo que mi rabia se iba y lo suplantaba un gran sentimiento de culpa. Recién prestaba atención a lo que decía y desprecio por mi misma era lo único que sentía en estos momentos. — yo..o... lo siento — murmuré apenada y su mandíbula rápidamente fue apretada con fuerza. — no quise decirte.. — ¿Suicida? — preguntó borde callando mis palabras — al menos no les disparo a las personas que amo y el daño solo me lo hago a mí. Sus palabras me golpeaban incluso más doloroso que un balazo, sin embargo, una gran parte de mí callaba y aceptaba sus palabras. No podía negar lo que era y aún cuando no quería serlo, me había convertido en una asesina y eso era mucho peor que ser un suicida. — Nunca..nunca me respondiste el porqué te parecía interesante — hablé evadiendo nuevamente sus palabras, y sinceramente, creo que en sus ojos verdes apagados ya sabía cuál era la respuesta. — ¿Es porque asesiné a alguien? — pregunté y éste permaneció en silencio. Ninguno de los dos nos movíamos, Roniel parecía no querer responder a aquella pregunta y su rostro con una ligera confusión en él no parecía haber esperado que me acordara de aquél detalle. — No entendía porqué te habías acercado a mí, al principio pensé que no me temías y que me veías alguien por igual a tí pero, tú me ves como una asesina y solo te acercaste porque... — creí que serías una ruta de escape — continuó a lo que sospechaba mientras sus brillantes y opacos ojos giraban evadiendome por completo. — pero no eres más que una niña asustada. — ¿Por qué quieres escapar? — pregunté confundida por las cosas que de sus labios salían. — ¿Por qué preguntas algo que tú también quieres hacer?. — yo quiero escapar de aquí, de éste lugar, no de mi vida — contradije y sus hombros ligeramente se encogieron. — espacar de aquí, escapar de tu vida, todo se vuelve lo mismo cuando lo que rodea tu vida parece ser un psiquiátrico. — le restó importancia y en un intento de dejar la conversación, dió la vuelta caminando por los caminos llenos de algunas hojas secas mientras se alejaba más de la vista de las personas, y en busca de seguir la conversación, mis pies sin yo ordenarlo, se movieron en su dirección. — Pero podrías cambiarlo. — ¿El qué? — giró irónico mientras fijaba sus ojos en mí — ¿Mi vida? — volvió a preguntar — es muy ignorante de tu parte decirle a alguien que puede cambiar algo sin siquiera saber los sucesos — negó — es como que te diga que vivas tu vida feliz con tu ser amado el cual mataste. Las ganas de ponerme a llorar ahí mismo eran más grandes que mis ganas de seguir manteniendo la conversación. Extrañamente, algo dentro de mi pedía quedarse, quizás éste podía ser mi momento de cambiar algo, quizás mi propósito aquí me llevaba a ayudar a alguien más y, por un instante, mi cuerpo llegó a sentir la necesidad de salvarle y mantenerlo con vida, tal y como hubiese deseado mantener con vida a Hugo. — ¿Qué te sucedió? — tontamente me atreví a preguntar — Haber hecho lo que hice, fue lo suficientemente malo como para llegar a pensar en acabar con todo, más que todo porque yo realmente era la que merecía morir, pero, dicen que suicidarse es un pecado y también de cobardes. — ¿No terminaste con tú vida porque no quieres ser una pecadora? ¿Es que acaso asesinar no es un pecado? — volvió a resaltar — pues, ¿Qué crees, Luci? Por ahí dicen que todos somos pecadores desde el momento en que nacemos, nadie se salva — negó — y sinceramente hay que tener mucha valentía para poder acabar con la vida que te ha tocado y no importarte más nada. — no es valentía, es egoísmo. — contradije y mis cejas levemente se fruncieron. — ¿Qué hay de los que te quieren con vida? ¿Que pasa con todos los que te conocen y solo quieren que te mejores? ¿A caso no planeas tener una familia o intentar demostrar que puedes superar todos esos obstáculos? — bufé y mi impaciencia se hizo más a notar — porque.. a ver, ¿Qué fue eso tan grave que hizo que quisieras rendirte? — sé lo que planes hacer — respondió sin contestar a mi pregunta — y que te quede en claro que ya suficiente tengo con la doctora Jhonson tratando de darme sus charlas, no tengo la necesidad de contarte y que me tengas lástima, mucho menos que me consueles como si fuese un niño vulnerable. — no lo haré. — negué pero aún así en sus duras facciones no pareció cambiar de parecer. Fue ahí que una idea algo retorcida y poco convencional cruzó por mi mente. Si lo que él no quería era que le tuviera lástima, quizás era lo que necesitaba, una persona que pusiera de menos sus problemas y los ayudara a afrontar como si ellos fuesen un suceso cotidiano. — Bien — me encogí de hombros y como si hubiese escrito lo que pasaría su mirada rápidamente se tornó confundida — no perderé mi tiempo hablando con un chico que cree que sus problemas son la gran cosa como para acabar con su vida — hablé con simpleza atrayendo más su confusión — de todos modos, quizás lo harás para llamar la atención — añadí y fue la gota que colmó su silencio. — ¿Llamar la atención? — Preguntó y una pizca de indignación se vió reflejada en su mirada — ¿Crees que intentar acabar con mi vida es para llamar la atención? Asentí — claro, ¿Qué tanto pudo haberte pasado para querer hacerlo? — me encogí de hombros. — toda mi familia murió por mi culpa — soltó con impulsión notandose el dolor en sus ojos — y si perder a las únicas personas que amaste en tu vida no es nada, entonces no sé qué clase de inhumana eres — negó y mi corazón rápidamente se estrujó por completo, pero a pesar de que me veía como el ser más insensible de todos, estaba logrando mi cometido y hacer que Roniel dijese todo lo que tenía guardado. — yo — murmuró y su voz como era de esperarse, se quebró y no pronunció ninguna otra palabra. — tú familia no querría que tú acabaras igual que ellos — negué en un susurro y sus ojos, sin expulsar ninguna lágrima pero completamente cristalizados, me miraron tan intensamente como si con estos pudiese leer mis pensamientos, y luego de unos escasos segundos que parecieron ser estrenos una sonrisa más similar a una mueca seguida de su apretada mandíbula, aparecieron en su rostro. — psicología inversa — bufó — que astuta — dijo mientras asentía con ironía. — Quiero ayudarte.. — ¿Para qué? — calló — te hablé nada más porque creí que serías una de esas asesinas locas que me facilitaría la vida — confesó algo que ya sabía — y ahora resulta que pretendes hacer que viva, ¿Por qué? ¿Qué ganas con eso? Ni siquiera me conoces. — Porque sé qué es sentir querer morir para estar con la persona que amas — respondí y un suspiró rendido escapó de mis labios — sé que lo mío no se compara a tu dolor, pero... velo de ésta manera, si mueres por tú mérito no irás al mismo lugar en el que ellos están. — Solo no quiero sentir más dolor, es lo único que quiero.. no merezco si quiera ir a el mismo sitio que ellos. — volvió negar mientras su mirada se apagaba más y justo cuando creí que la primera lágrima saldría, desvió su mirada reprimiendo el dolor y simplemente se marchó. Ésta vez no tuve el valor de seguirle, y me sentía mal por ello, ya que en éste preciso momento solo podía sentirme como una cucharada de sal vertida en una fresca herida abierta. Entendía que estaba en éste lugar para supuestamente corregir mis problemas, pero, a pesar de querer irme de aquí, solo podía pensar que si iba a permanecer en este lugar, almenos podría aprovechar mi estadía aquí para tratar de ayudar a alguien más que sí lo necesitara. Quizás ésta acción podía verse como un acto de humanidad para ayudar a alguien más, sin embargo, gran parte de mí conocía realmente lo que tontamente quería con ésto. Irme.
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