Dante
Damon Nolan, un chico extravagante, cambia de look cada dos por tres, es muy fresco, muy liberal, no le importa el mundo entero si él se siente bien a la mierda el mundo. Estoy jodidamente orgulloso de haberlo criado con ese criterio, primero tú, tu amado más cercano y a la mierda el mundo.
Damon es mi hermanito, su madre se casó con mi padre cuando yo tenía 8 años y Damon estaba por cumplir los 4 años. Ese niño le trajo alegría y brillo a mi vida, fue por él que seguí adelante, a pesar de todo lo saque adelante, entre en la Marina muy joven para poder darle una buena educación, cumplir su sueño de ser policía y sí que estoy orgulloso de haberlo hecho.
El hombre que camina hacía mí, con pantalones negros, botas negras, una playera negra que dice en grande FBI, mostrando lo bien trabajado que están sus músculos, una placa colgando en su cuello, sus armas de servicio y su cabello teñido de rojo que tiene amarrado en una coleta, se posa frente a mí.
— Coronel Dante Murdock – dice mi rango de la milicia. Su semblante está serio al igual que el mío, pero se rompe cuando veo ese brillo inigual en sus ojos, la heterocromía de sus ojos destila arcoiris cuando lo ves.
— ¿Abrazara a su hermano, agente? – digo con voz dura.
Me da una enormes sonrisa que me contagia y se viene a mis brazos, soy un poco más alto que él y estoy más fuerte por todos los entrenamientos y peleas que he tenido, pero aún así la fuerza con la que me abraza rompe cada una de mis barreras y cruza las fronteras para abrazar mi alma. Abrazando la poca alma que le queda a su hermano mayor.
Trató de mantener la postura, han pasado casi cinco años que no le veía, solo de lejos pero no de frente como ahora. Cuando rompe el abrazo, limpio rápido mis lágrimas y lo veo con esa enorme sonrisa y sus ojos llenos de lágrimas que produce que mi corazón se desmorone. Tomó su rostro en mis manos y juntó su frente con la mía justo como la hacía de pequeño y beso sus mejillas y vuelvo a envolverlo en mis brazos.
No sabía cuánto lo extrañaba hasta ahora. No sabía cuánto me hacía falta hasta ahora.
— Hermanito – susurró a su oído.
— Te eche mucho de menos Dan – dice a mi oído.
— También yo, mi hermanito.
Volvemos a mirarnos y parecemos dos nenitas lloronas, nos reímos y limpiamos nuestras lágrimas.
— Ven pasa, quiero que conozcas mi lugar – dice con una gran emoción.
— Me gustaría – lo frenó. – Pero creó que estoy siendo buscado por la policía por algo que ni recuerdo – me mira. – No, no he venido por eso.
Suspira y mira el gran edificio detrás suyo.
— Soy el puto jefe, que se tarevan a tocar a mi hermano – pasa su brazo por mis hombros y me obliga a caminar.
El edificio es enorme, todos muestran respeto a mi hermano, demostrando que él es el jefe de todos sin importar nada. Subimos a un ascensor, varios agentes le comentan cosas y miró como aunque mantiene su semblante serio, el brillo en sus ojos no se apaga con nada. Damon ha mantenido su brillo a pesar de todo lo que hemos vivido, siempre feliz y positivo. Algo que yo no tengo, mi brillo se fue con Ginny y nunca volverá ese brillo.
Llegamos al último piso y más agentes le piden autorización para muchas cosas, pero Damon los detiene diciendo que lo revisara en cuanto tenga tiempo y se encierra en su oficina.
— Sí qué eres requerido – digo mirando toda su oficina. Tiene cuadros de pintura, los colores son llamativos y alegres, tiene varias fotos y me sorprende que tenga varias mías, con mi uniforme de la milicia, con ropa casual, pero hay una que tiene en su escritorio junto a sus cosas personales y es donde yo tengo a Ginny en mis hombros y tengo abrazado por los hombros a Damon. Sonrió al verla y la dejó en su lugar. – Me gusta lo que hiciste aquí.
— Gracias – dice sin dejar de sonreír. – Tenemos varias misiones en curso, pero tengo tiempo para ti y espero te quedes varios días.
— Tal vez – me siento en un sofá color rojo.
— Bien, dime ¿qué necesitas? Luego podemos ponernos al tanto de nuestras vidas – se sienta frente a mí, dándome una botella de agua. La necesitaba, no he consumido nada en estás cuatro horas y media y siento la abstinencia. Damon también lo nota pero prefiere no decir nada, al menos ahora. – Te ves golpeado ¿qué te pasó?
— Una pelea en Mortal Kombat, gane – sonrió y bebo mi agua. – Hay alguien que lastimó a una chica, Francis Santoro.
— ¿Por qué me suena su nombre? – dice frunciendo su ceño.
— Lo mismo dije yo, resulta que el tipo fue Cabo Menor en la Marina, pero lo sacaron dos años antes de que yo me fuera. ¿Qué pasa con este tipo? En mi búsqueda, me detuvo una gran barrera que decía FBI en grande, puede que sea informante o algo, no lo sé, pero lo necesito – suspiró y en mi cabeza veo a Andrea en la cama, golpeada y conectada a una máquina. Pasó mis manos por mi cabello. – Te lo diré, no lo quiero para hablar, él pagará por lo que le hizo a esa chica. Sí me puedes conceder algo de información o una ubicación, te lo agradecere.
— ¿Una chica? – lo miró. No sé que pude transmitirle por mi mirada que cambia su semblante. – Dame un momento, puedes dormir, se nota que no has descansado en horas.
— Gracias, pero dormiré hasta que Santoro pague.
Damon no dice nada más, se va a su escritorio y yo sigo observando todo, pero hay algo que llama mi atención y es la foto de él con una chica, sonrió y me acerco a la fotografía. Es hermosa la chica, su cabello es plata y es color natural, piel blanca y ojos azules, vaya que es preciosa la chica.
— Se llama Victoria Volkóva – dice Damon cuando ve que la estoy mirando. – Y te contaré de ella cuando me cuentes de esa chica tuya – me sonríe.
— Es justo digo – mirándolo. – ¿Encontraste algo?
— Sí – saca un arma de su cajón y me la entrega. – No está registrada, es tuya – la tomó y me aseguro de que esté cargada. – Vamonos.
— Damon, no – lo detengo. – Haré esto solo, no dejaré que te metas.
— Qué pena, porque Santoro es un informante bueno y ya aceptó, harás esto conmigo o sin mí Dante.
Aprieto la mandíbula. No tengo opción.
— Bien, vamos.
Deje la motocicleta en casa de mi hermano, vive en una jodida residencia, ser el jefe si da buenos resultados financieros. Tome un par de pastillas de éxtasis sin que Damon viera, estaba comenzando a sentirme ansioso por la abstinencia y en este momento no quiero sufrir un ataque de psicosis. Subimos en su camioneta, se quitó el uniforme y se puso ropa negra para pasar desapercibido. No sé cuánto conducimos porque cuando llegamos me despertó.
Estamos en un túnel, no hay movimiento alguno, solo un auto donde se puede ver que solo está una sola persona, Santoro. Bajamos del auto y dejé que Damon hiciera el contacto.
— Gracias por venir Santoro – dijo Damon.
— Me sorprendió su llamada Nolan – dijo mirándolo. – Pero creo que era hora de conocer para quién trabajo, si mi gente supiera que estoy aquí me mataría, pero tengo su protección ¿cierto?
— Por supuesto – le sonrió. – Has sido útil, gracias a ti hemos atrapado a muchos grandes y es por eso que estás aquí. Alguien te reconoció – me mira a mí. – Coronel Murdock, por favor haga los honores.
Me paro a pocos pasos de Santoro, me repara con la mirada y sonríe un poco aunque su sonrisa no es verdadera.
— Cabo Menor – digo mirándolo. – Cuando escuche tu nombre dije, de algo me suena este tipo, y claro, tuve que mirar mi pasado con uniforme y ahí estabas.
— ¿Qué es esto? ¿Una intervención?
— No – sacó el arma y le disparó al pie, su grito de dolor hace eco en el túnel.
— ¿¡Qué te pasa hijo de puta!?
— ¿Qué le hiciste a Andrea Conway? – digo acercándome a donde está tirado. – Si eres sincero no te mataré, porque eres importante para el FBI.
— ¿Todo esto por una puta cualquiera? – volví a dispararle en el otro pie. – ¡Cabrón!
— Entre más insultes y digas cosas que no quiero oír será peor ¿quieres volver a caminar?
Santoro mira a mi hermano, él está mirando todo en silencio.
— ¿No me matara si le digo la verdad? – dice mirándolo.
— Tienes mi palabra – dice Damon. – Dile lo que quiere escuchar y te llevaremos a un hospital.
Santoro confía en su palabra, ha trabajado para el FBI y nunca le han traicionado, no espera que ahora suceda.
— Esa zo…
— Elige bien tus palabras si quieres volver a caminar – digo mirándolo.
Me mira totalmente furioso, pero acata lo que digo.
— Me acostaba con Andrea cuando hacía su servicio y cuando comenzaba con el tráfico de órganos, para ella solo era un pedazo de carne, pero para mí no, deje mi esposa, mis hijos, dejé todo por ella y al final solo se largó diciendo que jamás le importe. Arruinó mi vida, volver a verla fue una bendición, me la folle y al final hice que pagara todo lo que me hizo. Que agradezca que no la asesine.
Sonrió y me alejo de él. Quiero calmar la furia y mi hermano lo nota porque es quien se acerca.
— Básicamente tú solo arruinaste tu vida – dice Damon. – No fue ella.
— Esa puta lo hizo.
— Fuiste tú y tienes que aceptarlo.
— Andrea Conway fue la puta que…
Santoro no terminó de hablar porque le disparé en la cabeza. Todo el pavimento quedó lleno de él.
— Lo mataste – dijo Damon mirándome.
— Te dije que no iba a vivir – me acerco al cuerpo y le sacó los anillos con los que seguramente golpeó a Andrea.
— ¿Así trabajas? Porque si es así, es un puto desastre.
— ¿Ahora eres experto en asesinatos?
— Pues sí – se cruza de brazos. – Tienes que mejorar esto Dante.
— No voy…
— Me haré cargo de esto – me interrumpe. – Cuando acabes tus negocios, te quiero aquí sin excusas, tus asesinatos son sucios y con mucha evidencia, tienes que crear escenas del crimen perfectas para que todos sospechen que fue daño colateral. Y sí, soy experto en eso.
Tiene razón, pero no me gustaría estar mucho tiempo aquí.
— Te doy 20 días para poner tus cosas en regla, iremos de campamento juntos – me sonríe. – ¿Sí?
No importa lo que pasara hace un momento, ese brillo en sus ojos continúa ahí y me mira con ternura, no como si fuera un monstruo. 20 días no dañan a nadie, además estaré con Damon y realmente quiero estar con mi hermanito.
— Bien – digo mirándolo.
— Perfecto – me abraza con fuerza y me besa la mejilla. – Ahora vete, me haré cargo de esto, espero que Andrea valga la pena.
— Lo vale – le sonrió. – Nos vemos pronto hermanito.
Me da las llaves de su auto y me voy.
No pasó más tiempo aquí, pues me largo apenas subo a mi motocicleta. Y en cuanto llegó a Los Santos voy directo al hospital, subo al ascensor y caminó hasta la habitación de Andrea.
Suelto un suspiró y abro la puerta. Está aún en la cama, y está despierta.
— Te creía muerto, no me has mandado mensaje, ni nada – me reclama apenas me acerco a ella.
— Lo siento – sonrió un poco. – ¿Cómo estás?
— No tan mal como tú – trata de acariciarme la cara pero me alejo, sé cómo me veo y sí me veo peor que ella. – ¿Dónde habías estado? Lara dijo que no estabas ni en tu casa.
— Trabajando – observó su rostro, los golpes ya van desapareciendo. – En fin, yo quería decirte algo y…
— Acabo de pelear con una enfermera para que me diera la tarta – la voz de un hombre hace que me gire. Un hombre de color entra a la habitación, me mira y mira a Andrea. – Hola, no creí que tuvieras visita, puedo irme y volver luego…
— Ya me iba – digo mirándolo.
— Acabas de llegar – dice Andrea mirándome. – Quédate – susurra.
— Solo venia a darte esto – sacó los anillos y se los doy. – Mejorate Andrea – le sonrió y salgo sin decir nada más.
Me hubiera gustado quedarme, hacerle compañía después de lo que pasó y de lo que hice. Pero estaba bien acompañada por alguien que seguramente no se ve tan jodido como yo. ¿La quiero? No lo sé, solo ha sido sexo. Pero siento esa punzada en mi pecho que me molesta.
No me necesita a mí, necesita alguien mejor que yo. Y yo no la necesito a ella, hay muchas mujeres en el mundo. Lo que hice con santoro fue solo la ayuda para una amiga y colega, solamente eso.