Habían sido días difíciles. Adams se estaba comportando como un verdadero idiota conmigo, tanto que había decidido que yo fuera su secretaria ahora para ver pasar día tras día una mujer diferente. Estaba apunto de renunciar por la forma tan inmadura que se estaba comportando, pero no iba darle el gusto de verme perder. Pese a todo sabía como comportarme fría y distante para que no notará que nada de lo que hacía me afectaba. Escucho las puertas del elevador abrirse, observo una peli negra salir y acercarse. —Bienvenida, ¿Le puedo ayudar en algo? —Tú, para nada. Adams me espera. Camina hacia su oficina abriendo la puerta y cerrándola de un golpe. Observo a Eva y esta me mira asombrada. Su teléfono suena esta lo toma y rápidamente cuelga. —¿Qué? —Pidió que no lo interrumpieran