Revelaciones.

1099 Words
—Mónica, no sé qué hacemos aquí —me saca de mis pensamientos tanto que ignoro las ganas de llorar al ver a Emiliano caminar cerca de nosotros con el carrito que le regalo Diego. —Quiero contarte algo que nunca le he dicho a nadie, pero confío en ti lo suficiente para hacerlo —explicó nerviosa con el corazón acelerado, limpio la tumba de mi hijo, —hace 7 años conocí a quien fuera mi novio por un poco más de un año. Lo conocí en un mercado del pueblo y me enamoré de él con cada gesto o detalle que tenía conmigo. Yo había quedado huérfana a los 17 años, podrás imaginar a lo que me refiero cuando te digo que me enamoré de él, me apegué mucho a su compañía. Sentí que ya no estaba sola, que había alguien a quien yo le preocupaba. Mónica hace una pausa para tomar aire para coordinar sus ideas. —Carlos era un hombre maravilloso; él tenía dos amigos con quienes iba para todo lado. Rafael, un hombre casado con María Inés —suspira —mi actual patrona, en esa época hacíamos salidas de parejas, ya sabes… bailes, comidas, ir a la feria del pueblo, cosas así. —Entiendo, ya puedo hacerme una idea clara de lo que es para ti ver a tu ex con su actual esposa. —Así es, no es fácil porque a ella le tengo agradecimiento por ayudarme, pero a la vez me siento traicionada al ver que se casó con él hombre a quien amé, muy poco tiempo después de enviudar. El otro amigo, Lorenzo —hace una mueca y juguetea con sus manos en señal de nerviosismo —Lorenzo salía con nosotros, claro que no tanto como Rafael y su esposa, pero igual siempre nos cruzábamos. Yo era tan ingenua en esos momentos que no me di cuenta de lo mucho que le gustaba, lo suficiente para acosarme y estar al pendiente de todo lo que hacía con Carlos. —¿Él es el padre de Emiliano? —Mónica asiente tragando saliva. —Un día decidí entregarme por amor a mi novio, él me pidió matrimonio yo me sentía muy feliz y afortunada.... El mismo día que estuve con mi novio, ese día la desgracia llego a mi vida. Lorenzo —titubeo —Lorenzo me… —No tienes que decirlo sino quieres, —se acerca y me ofrece sus brazos para consolarme. —Lorenzo abuso de mí, te juro que no quería —intento excusarme ante la vergüenza que siento —, pero me lastimo y después de esa noche tan espantosa me fui, —Diego me ofrece su pañuelo para limpiar mis lágrimas —. Al poco tiempo me enteré de que estaba embarazada, —Diego toma mi mano —no sabía quién era el padre de mi hijo, así que por vergüenza nunca le dije a Carlos de lo sucedido, aunque en el fondo de mi corazón quería que Carlos fuera el papá de mi bebé. No sé cómo, pero Lorenzo supo de mi embarazo y me obligo a irme con él. —No sé qué decirte —niego con la cabeza antes de seguir. —Lorenzo decía que había cambiado, empezó a ayudarme económicamente y yo a regañadientes accedí pues un embarazo implica muchas cosas y más a nivel económico. No recuerdo cuando, solo sé que accedí a casarme con él por miedo al qué dirán, cuando se empeñó en darle su apellido al bebé yo me negué. El parto se adelantó, gracias a Dios pude dar a luz de manera natural —titubeo. —Recuerdo que escuche su llanto, o eso es lo que quiero creer. Cuando me desperté una enfermera me dijo que mi bebé estaba muerto, y que no podía ver su cuerpo sin vida. —Lo siento mucho, ¿qué sucedió después? —Lorenzo me dijo que mi bebé nació deforme así que hicieron un acta de nacido muerto. Después de lo ocurrido sufrí depresión postparto. A los dos meses de haber dado a Luz, él volvió a abusar de mí. Fue horrible, —sollozo y él me toma de la mano —abusaba de mi cada vez que quería hasta embarazarme por segunda vez. —Lo siento mucho pequeña —me aferro a sus brazos, es la primera vez en mucho tiempo que me siento segura; —ninguna mujer debería pasar por tan espantoso acto. —Lorenzo es el padre de Emiliano —tomo en mis brazos a mi pequeño. —Finalmente conseguí dejarlo, sé que está en la cárcel ya que tiene un proceso judicial por asesinato, así las cosas, un abogado me dijo que él perdió la custodia del niño. —Esa es una buena noticia, siempre vas a tener mi apoyo —asiento y él besa mi mejilla. Cuando llegamos al parque me permito soñar, veo que Emiliano y Diego juegan así que me imagino lo que sería ver a Carlos ocupando el lugar de Diego, pero eso no es posible, él es un hombre casado y con dos hijas, próximamente tendrá una tercera. Pasamos un día maravilloso, tanto que solo me doy cuenta de tiempo que ha pasado al ver que mi reloj marca las once de lo noche, puedo decir que la compañía de Diego es increíble, él me hace sentir segura. Diego nos deja en el rancho, sin premeditarlo terminamos por darnos un beso, sé que le gusto y no sé cómo actuar ya que desde Lorenzo y sus abusos no he podido estar con nadie más. Me gustaría darme una oportunidad en el amor, pienso en todos mis problemas llevando a Emiliano en mis brazos hasta que paso por el despacho de Carlos, la luz esta encendida y estoy segura de que esta con su esposa así que sigo mi camino. Al llegar a la habitación beso a mi bebé en la frente, me quito la ropa quedando en ropa interior, mientras busco el pijama me quito el sujetador. Mis pechos aún están llenos, tomo el sacaleches y empiezo mi tarea, sonrió recordando el bonito día que pasamos, dejo a un lado el sacaleches y su contenido mientras me pongo mi camisón, hace mucho que no los utilizó, pero en el verano son muy cómodos. Salgo para llevar la leche a la cocina aprovechando que no hay nadie, y que Carlos esta con su mujer. Tengo un terrible presentimiento al sentir que de nuevo me observan, ¿y sí es Lorenzo? No sé qué hacer, así que me paralizo frente a la idea de ver a mi agresor.
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