Disculpa.

1241 Words
El camino de regreso fue una tormenta de emociones, un sube y baja, Alan aceleraba su poderosa motocicleta desatando la furia en las calles, pero dentro de él había una lucha, era su corazón contra su conciencia. Al llegar, recogió algunas de sus pertenencias rápidamente, un poco de dinero que guardaba en la casa en una de sus caletas, y salió, dejando atrás todo lo que conocía, era como si esa noche se creaba una g****a que tal vez no se volvería a cerrar. Esa noche, Alan encontró refugio en la casa de su amigo de la infancia, Sergio Bustamante. Sergio, un hombre de principios, compartía los valores que Alan tanto apreciaba y despreciaba todo lo que representaba Héctor Martínez, el padre de Alan. Sergio lo recibió con los brazos abiertos, ofreciéndole no solo un lugar para quedarse, sino también un oído atento para aquella alma en búsqueda de paz. — Lo que hiciste requiere mucha valentía, Alan, pero te felicito haces lo correcto mi amigo. —Sergio lo alentó, mientras ambos se sentaban en la sala, con cerveza en mano brindaban por la decisión de Alan, era una buena manera de bajar la tensión, pensaba Alan. — Pero ahora tienes que pensar en qué quieres hacer realmente. No dejes que la rabia te nuble la razón amigo. Toma una decisión que refleje quién eres, no quién tu padre quiere que seas. —Aconsejó Sergio a su buen amigo Alan, mientras disfrutaba del agradable sabor de una cerveza verde, en la sala de su casa aquella noche, en la pantalla disfrutaban de un partido de futbol, pero Alan no parecía concentrarse en ello, su mente solo pensaba en las consecuencias de sus acciones. Las palabras de Sergio calaron hondo en Alan. Sabía que su amigo tenía razón. Esa noche mientras se recostaba en el sofá, Alan decidió que no dejaría que su padre determinara su futuro. Aceptaría la oferta de Miami, no por lo que su padre representaba, sino porque él quería demostrar que podía hacer algo significativo por su cuenta sin las oportunidades que podía conseguirle su padre, deseaba ser feliz y libre, sin depender de él y su poder en la ciudad. Al día siguiente, Sergio sugirió salir a caminar para despejar la mente un poco. Pasearon por el parque cercano llamado parque Beethoven, a unas cuadras de casa de Sergio donde las montañas de Mérida se alzaban majestuosas en el horizonte. El aire fresco y el sonido de las hojas bajo sus pies ofrecían una tranquilidad que Alan necesitaba para conciliar su propia paz interior. Mientras caminaban, vieron a dos mujeres sentadas en un banco a un costado de la plaza, conversando. Al acercarse, Alan reconoció inmediatamente a Amelia y a Carolina, era de esperarse ya que Carolina vivía a unas cuadras de ese lugar. El nudo en su estómago se tensó, pero Alan vio aquello como una oportunidad que tenía para hablar con Amelia o tratar de disculparse por lo que le hizo a su novio Pablo algunas noches atrás. Lo cortés no quita lo valiente. — Hola, Amelia… Carolina, un gusto verlas. —saludó Alan como si fuesen sus amigas cercanas, deteniéndose a unos pasos de ellas, el momento fue algo incómodo para todos. Amelia no pudo evitar mirarlo con sorpresa y desconfianza, y su expresión se endureció rápidamente al nomás verlo, pasó de las risas a una seriedad total, aunque Alan notó que Carolina parecía más curiosa que hostil en aquel momento, no era con ella con quien realmente deseaba hablar. — ¿Qué quieres, Alan? —Preguntó Amelia, con su característico tono frío y seco, no era para menos, Alan era la causa de sus problemas por ahora... Y aquello que sucedió en la graduación no le había gustado para nada. Por más que intentase aparentar ser un caballero, no se dejaría engañar por él. Se había convertido en su enemigo número uno. Alan respiró hondo antes de hablar, había pasado noches pensando en lo que diría si tuviera un chance, y ahora esa oportunidad estaba frente a él, aunque se le dificultaba pedir perdón, comprendió que aquello era lo mejor para no llevar ese mal recuerdo incrustado en su corazón por mucho tiempo, ya tenía suficiente con su familia. — Quiero disculparme, Amelia. Por lo que pasó en la graduación, en la fiesta para ser exactos… No debí haberme comportado así. Sé que no tengo la mejor reputación, y entiendo que me odies por lo que mi padre representa. Pero quiero que sepas que yo no soy como él. Estoy intentando ser diferente. —Se expresó Alan, intentando convencer a Amelia, la cual era inmutable. Para ella solo se trataba de Alan intentando limpiar un poco su imagen, él era un cara dura según sus propios pensamientos, podría decir misa, pero no le creía ni una sola palabra. Ella lo miró en silencio durante un momento, momento que al mismo Alan le pareció eterno. Sus ojos verdes lo atravesaban, intentando descifrar si sus palabras eran sinceras o simplemente una estrategia para calmar las aguas, Alan se sentía un poco intimidado por esa mirada hermosa penetrante sobre él. — No te creo nada, Alan, no puedes simplemente golpear a Pablo y venir a disculparte, así como si nada. —Respondió finalmente Amelia, poco convencida, Alan no necesitaba mucho más que la actitud de Amelia para entender que sería difícil convencerla. —Todo lo que he visto de ti dice lo contrario, además si hay alguien con quien debes disculparte es con el mismísimo Pablo, aparte de robarle su futuro, le has golpeado. —Recalcó Amelia, quien solo decía una realidad a medias ya que había sido Pablo el que se buscó aquel golpe en la fiesta. Amelia no fue a quien Alan golpeó al rostro, ni mucho menos a quien dejó sin una oportunidad de huir de aquel infierno en Venezuela, era por ello que ella suponía que Alan debía disculparse con Pablo. Antes de que Alan pudiera responder, Carolina intervino, con su tono más suave y pacífico, intentando calmar las aguas de ambos lados, era como una mediadora. — Tal vez, Amelia, deberíamos darle una oportunidad para demostrarlo. Todos cometemos errores, ¿No? Quizás Alan habla en serio esta vez, pero debes dejar que te lo demuestre como persona. —Intervino Carolina quien pensaba que él estaba siendo sincero, aunque muy poco lo conocía. Amelia suspiró profundamente, claramente dividida entre lo que quería creer y lo que su intuición le decía. Finalmente, las palabras de su amiga parecieron entrar a su corazón, fue por ello que se levantó del banco y se posó frente a Alan mirándole fijamente con el ceño fruncido, pero con la guardia un poco baja. — Veremos, Alan. Pero no te equivoques otra vez, porque podría ser la última vez que te lo pase, y tendrás que ir con otra persona que si te crea ese cuento de que eres diferente. —Respondió inexpresiva y sin decir más, ambas mujeres se alejaron del lugar, dejando a Alan con la sensación de que había dado un paso pequeño pero importante en el camino a hacer las paces con la hermosa Amelia, aunque no había razón para disculparse con ella, a decir verdad. Alan no le debía nada a Amelia, pero un factor importante en él no pasaba desapercibido, y era que si irían a Miami debían de vivir juntos y de alguna manera ser enemigos no sería bueno para nadie.
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