Después de unas horas, Paulina había llegado a su casa totalmente agotada a pesar de que su amiga le había prestado algo de ropa y además se había dado una ducha refrescante, pero en realidad ella en el fondo sólo quería poder estar en su casa para ponerse su pijama y meterse en su lecho todo lo que restaba del día. Era pasado el mediodía y ella solo quería descansar. Cuando entró a su habitación Irma fue inmediatamente a verla: — Señorita Paulina por fin se le ve la cara, estábamos muy preocupados por usted, su mamá estaba angustiada. Pero mire cómo está de insolada, parece un tomate. — Hola Irma, sí por fin pude llegar a casa. Pero ¿Y dónde está mi madre? La busqué en su habitación pero no está. — Su mamá está en la empresa. Paulina miró a Irma totalmente extrañada porque