Ainhoa - 18 años Abro la puerta de mi casa para ver a Gio frente a mí con esa sonrisa que siempre tiene en la universidad.―¡Bellisima! ― Me dice y luego me da un abrazo. ―Gio, que grato verte ¿nos vamos? Creo que tenemos que llegar a tiempo a una película.― Digo y al voltear por mi bolsa mi padre me ve. ―¿A qué hora regresas? ― Me pregunta. ―Iremos a ver una película y luego Gio y yo cenaremos en el restaurante de pizzas que tanto nos gusta.― Comento. ―Vale.― Habla y luego vuelve a subir las escaleras dejándome sola. Desde que pasó lo de Manuel y todo el asunto de Barcelona, mi padre y yo intercambiamos las palabras necesarias para que lo nuestro funcione en cierta manera. No decimos más allá de un “hola” o “adiós” y cuando entablamos una conversación es cuando necesito dinero p