Capítulo 7: Crónica de un desastre anunciado

1361 Words
La boda continuó en su apogeo y cuando ya prácticamente todos los protocolos de rigor se habían llevado a cabo y su esposa estaba en la pista de baile, rodeada de sus damas y disfrutando de la música electrónica, mientras que él se tomaba un respiro y reflexionaba sobre los acontecimientos de esos últimos tres días. Dos meses atrás, reflexionando seriamente sobre su relación y el gigantesco paso que daría al casarse, comprendió que no estaba realmente enamorado de su prometida y quiso terminar con el compromiso y los preparativos de la boda. Pero antes de que él pudiera dejar caer esa bomba, ella le confeso que estaba embarazada y que tenía poco más de cuatro semanas. Obviamente se vio obligado a postergar lo que quería decirle y la estrecho entre sus brazos, mientras ella derramaba lágrimas de felicidad. Jared por fin pudo acercarse a su hermano para informarle que la mujer que se desmayó en la iglesia le había rogado para que la llevara de regreso a su hotel. —Es una mujer muy hermosa, a pesar de la tristeza que empañaba esos enormes ojos marrones, incluso, creo que le sentaba bastante bien ese aire tan melancólico, que dé pronto sentí la imperiosa necesidad de protegerla, abrazarla y consolarla. —¿Qué hiciste, Jared? —Nada, John. Por tu actitud hostil, podría asegurar que estas celoso. ¿Quién es esa mujer? —Solo puedo decirte que… conocí a mi alma gemela demasiado tarde. —Creí que Deni era tu alma gemela. Diste una buena pelea por ella en aquel bar donde la conocimos. —Solo no quería que la pobre chica terminara siendo otro de tus trofeos de una noche. —Pero termino siendo el tuyo, perdón, tu esposa, la joya de la colección —su hermano hizo una mueca, por lo que se apresuró a mostrarle la salida— No está todo perdido, aun puedes anular el matrimonio. Los dos, de hecho. Simplemente habla con Deni, explícale… —Esta embarazada. —¿Sabes qué es esto? —su hermano lo miro sin entender— Es la crónica de un desastre anunciado. El problema es que, ustedes dos son demasiado obstinados para aceptarlo. Denise quizá porque te ama, pero me inclino más por el miedo al fracaso y el “qué dirán”, y tú, auspiciado por la culpa que te embarga y obligado por ese embarazo no deseado. Ambos se han embarcado en un matrimonio que no tiene futuro y, si es que lo tiene… este no será feliz. Lo siento mucho, John, pero solo ustedes dos serán responsables de su propia desgracia y por mas que tu te esfuerces, no lograras hacerla feliz, no cuando estas sacrificando tu propia felicidad. —En este momento, yo soy quien menos importa... —¿Dime cuándo has visto a una mujer feliz, estando casada con un marido amargado, apático e indiferente? Porque así luces ahora. John miro de reojo a su alrededor y solo vio gente metida en sus propios asuntos, o eso era lo que quería ver. Su hermano se retiró para bailar con las chicas en la pista, beber y disfrutar de la calma antes de la tormenta. Denise vio que se había quedado solo y fue en su busca para pedirle que bailara con ella, una pieza más antes de retirarse para cambiarse y llegar al aeropuerto a tiempo. No logro convencerlo y tuvo que regresar sola a la pista y con el corazón encogido por la decepción. Jonathan solo podía pensar en ese momento, en Diana, en el dolor y la profunda pena que vio en sus ojos y también, en la esperanza que pudo vislumbrar detrás, era como si aun esperara que fuera a buscarla. Solo que no lo haría, no iría porque no quería lastimarla más, prefería mil veces cruzar el infierno que lo esperaba al saber que no volvería a ser suya, mejor eso que causarle un nuevo sufrimiento. Prefería que se fuera con el corazón destrozado y odiándolo para siempre, porque, solo el odio le daría la fuerza necesaria para olvidarlo. Denise ya estaba lista y esperando, pero John se estaba retrasando y si no salían pronto, perderían el vuelo, así que, subió a su habitación. Lo encontró frente a la ventana, completamente perdido en sus reflexiones, cuando la escucho entrar se volvió hacia ella y le sonrió con melancolía. Antes de acercarse a él, tomo su americana para ayudarlo a ponérsela y por alguna razón, tuvo el impulso de revisar sus bolsillos antes de sacudirla. Al revisar el bolsillo interior, sus dedos tocaron un objeto de forma irregular, tenía un poste metálico muy corto, quizás fuese un broche. Cuando lo saco, al verlo, su rostro perdió el color, sus rodillas flaquearon y termino en el piso alfombrado. La sospecha anido dentro de su pecho y casi le corto el aliento, era muy parecido a los aretes que Diana le describió, uno de los cuales, por cierto, había perdido y esperaba encontrar en la cama. No lo dijo, pero su sonrojo la delatado, había tenido sex0 la noche anterior, en la cama de su habitación. ¿Cómo había llegado ese arete a las manos de John? Repaso cada momento de esa escena, cuando sus miradas se encontraron, como ambos habían bajado el rostro avergonzados, el cómo se quedaron mudos al reconocerse. Y cuando él extendió la mano, tenía algo en la punta de los dedos, pudo notar el brillo, entonces supo que pretendía regresarle el arete con discreción, pero ella no acepto su mano y no pudo devolverlo. John se volvió hacia ella y pudo verlo en cámara lenta, la preocupación en su rostro desplazando la tristeza y la melancolía, seguro que su preocupación era por su hijo, porque de seguro ella le importaba un comino. Dejando de lado a Diana, lo cierto era que, le había sido infiel la noche antes de la boda, se suponía que la amaba y que era el hombre más honesto, responsable e integro de todo Londres. No era como Jared, un libertino empedernido que se acostaba con una mujer diferente cada noche y que era incapaz de enamorarse o de serle fiel a una sola mujer. —¡Deni! ¿Qué paso? ¿estas bien? Se hinco a su lado, la tomo en brazos y la levanto. —Estoy bien. No te preocupes, solo… tropecé con la alfombra. —¿Segura? No te duele nada. El corazón >>pensó Pero negó con la cabeza y dejo el arete en el bolsillo antes de ayudarlo a ponerse la americana. Jonathan le dijo que deberían ir al médico para que la revisara, pero ella le sonrió y le dijo que no fuera paranoico, que era una mujer fuerte y que él bebe estaba bien. Su esposo confió en su palabra, la tomo del brazo para salir de la habitación y bajar la escalera, el auto estaba esperando y tenían el tiempo demasiado justo para llegar al aeropuerto. Diana estaba sentada con apatía en las sillas de la sala de abordaje, esperando que vocearan el vuelo y les indicaran a los pasajeros que podían abordar. Hasta el último minuto estuvo esperando que Jonathan apareciera en el aeropuerto, como en las comedias de amor, esas donde la chica que arruinaba la boda, siempre se quedaba con el chico guapo porque resulta ser el amor de su vida, almas gemelas, amor a primera vista y no solo el vulgar revolcón de una noche, bueno… de dos maravillosas noches de amor, pasión y deseo. Abordo el avión sin contratiempos, sin que ningún chico lindo y perdido de amor por ella detuviera el vuelo para decirle que la amaba y que no podría vivir sin ella. Pero no, lo único que significo para Jonathan Deveraux, era ser la mujer que le había dado su despedida de soltero, eso sí épica, dos noches llenas de lujuria y diversión con quien resultase ser, por una desafortunada jugada del destino, la ingenua y estúpida mejor amiga de su futura esposa. Si, porque estaba segura de que no sabía quién era en realidad, simplemente vio la oportunidad que le ofrecieron en bandeja de plata y la tomo.
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