Prólogo
Prólogo
—¿Qué es? —Lara Collingwood miró la pequeña pastilla blanca. Podría haber sido una aspirina, por lo que sabía.
—Es solo una pastilla especial para adelgazar, cariño. Te va a dar energía porque, cariño, te ves fatal —dijo Gordon, dándole la vuelta a la mano de Lara y colocándole la pastilla en la palma antes de cerrarle los dedos—. No puedes seguir de fiesta como lo haces y esperar que diseñadores como Larios te sigan contratando para sus desfiles. ¿A qué hora llegaste a casa anoche?
—¿En casa? —dijo Lara confundida. Era cierto, estaba agotada, pero no por tanta fiesta. Sí, estaba en una fiesta, pero él, su amante y agente, la había presentado como la cita de algún pez gordo del estudio con la esperanza de que pasara de la pasarela a la gran pantalla. El pez gordo, sin embargo, esperaba más de ella que una simple cita, mucho más, y se había encerrado en el baño casi toda la noche. Puede que estuviera dispuesta a vender su imagen como cita para conseguir lo que ella y Gordon querían que llevara su carrera, pero eso no significaba que tuviera que acostarse con cada tipo de mala muerte que se lo exigiera cuando no habían hecho nada por ella.
—Dios mío, ¿cómo pudo Gordon hacerle eso? —pensó.
—No, solo tenía que aguantar el día, luego podría tomarse unos días libres y recuperar el sueño. —Se giró para mirarse al espejo y admitió que Gordon tenía razón: se veía fatal. Se había enorgullecido de no caer en las trampas de la industria que devoraba y escupía a tantas chicas—. Pero esta vez no vendría mal, ¿verdad? —se preguntó, mirando la pastilla blanca y suspirando. Gordon no le habría dado algo malo. Al fin y al cabo, su carrera dependía de que ella estuviera en su mejor momento. Simplemente superaría esto, luego podría tomarse un respiro y tal vez irse a casa unas semanas a descansar.
«Hogar», pensó mientras se tragaba la pastilla. «¿Dónde estaba su hogar ahora?»
*****
**Capítulo 1**
—¡Guau! ¡Eso sí que es un pene! —exclamó Poppy Wilde entre risas—. ¡Es un ejemplar perfecto! —exclamó y volvió a reírse mientras examinaba con atención dicho pene.
—Si el tipo medía dos metros y medio y tenía la complexión de un gorila —rió Carly Carter—. Pero se ve bien, ¿no? —Mientras se unía a la inspección, su crítica interior le dijo que se había pasado con la brillantina en el lado izquierdo al intentar resaltar la curva.
—¡Por supuesto! Increíblemente comestible —Poppy se lamió los labios exageradamente, como si quisiera inclinarse hacia adelante y darle una buena lamida desde el escroto con hoyuelos hasta la cabeza acampanada, luego se deshizo en otro ataque de risa.
Las campanillas tintineantes sobre la puerta de la panadería hicieron que ambas mujeres se congelaran al instante y se giraran a la vez para ver quién había entrado en su conversación lasciva. Carly tuvo la presencia de ánimo de agarrar la tapa y colocarla sin apretar sobre la caja mientras giraba la cabeza.
—Hola —dijo Carly—. Eres Lara, ¿verdad?
—Así es. Y tú eres la hermana pequeña de Eric, Carly, ¿verdad? —preguntó Lara, mostrando su incertidumbre.
—Uno pensaría que a los veinticuatro años ya habría superado el hecho de ser la hermana pequeña de Eric —suspiró Carly.
—Lo siento —se disculpó Lara de inmediato—. Es que no llevo mucho tiempo en el pueblo y todavía me estoy reorientando. Ya sabes, intentando encajar con quién y cómo nos relacionamos todos, con esa peculiar forma de pueblo pequeño. No es que Ashton Hill sea un pueblo pequeño hoy en día, pero aún tiene esa atmósfera, ¿sabes? —Lara se trabó nerviosa al hablar. Al volver a casa en Ashton Hill después de casi una década, había olvidado los peligros de insultar a cualquier m*****o de esta comunidad. Suspiró; ya había molestado a bastante gente desde que regresó sin querer, y le estaba empezando a dar miedo salir.
—No le hagas caso, Lara. Eric es un personaje importante en este pueblo; nunca podrá evitar ser su hermana pequeña. No a menos que lleve sus Dulces Tentaciones a las masas en lugar de solo a nosotras, las pueblerinas —dijo Poppy, destapando la caja y riendo como una niña mientras Lara abría mucho los ojos.
—¡Eso es un… un pene! —exclamó.
—¡Totalmente para lamer y totalmente comestible! —exclamó Poppy entre risas.
—Es un pastel de chocolate cubierto de ganache y chocolate para modelar —explicó Carly—. Es para la despedida de soltera de Poppy.
—A mí me parece más vainilla que chocolate —sonrió Lara, sin dejar de mirar el pastel fálico.
—¡Oh, vainilla! ¡Qué rico! —Poppy jadeó y se lamió los labios exageradamente antes de desplomarse sobre la encimera, sin dejar de reír.
—¿Qué más sabes hacer? —Lara arqueó una ceja con curiosidad. Era lo más cerca que había estado de tener una conversación agradable con alguna de las chicas del pueblo desde que había vuelto a casa hacía más de un mes, y tenía muchas ganas de ser amiga de Carly. Había ido a la panadería con un propósito, y sería mucho más fácil preguntarles si estaban empezando a tener una amistad.
—He empezado a intentar crear una página web, pero no tiene mucho tráfico. Me temo que crear páginas web no es mi fuerte —Carly tomó su tableta y navegó hasta la página que había creado. Añadió fotos mientras creaba sus Dulces Tentaciones para los cumpleaños de sus amigas y ocasiones especiales, como la despedida de soltera de Poppy.
La campana volvió a sonar en la puerta de la tienda y las tres mujeres actuaron rápidamente: la caja volvió a taparse y la tableta quedó en manos de Lara y colocada sobre el mostrador.